Más sobre la Festa al Cel
Nos han hecho llegar a la redacción de aeromagazines una copia de un artículo firmado por Francesc Arroyo y publicado por un periódico de tirada estatal (que no pienso mencionar porque si ellos no hacen publicidad de mi página, yo no pienso hacérsela a ellos de su periódico). El artículo, que vio la luz el pasado lunes 8, algo más de una semana después de la Festa al Cel, lo titula de una manera preciosa, literaria, casi poética (bueno, sin el casi) "Los suspiros son aire y van al aire". Qué bonito y prometedor parecía el artículo, qué lindo quedaba con su foto de varios niños encaramados a una de esas estructuras dedicadas a juegos infantiles observando atentos la pasada de los aviones de la Patrulla Águila.
Una lástima que tanta promesa para cualquiera de los miles de seguidores de la Festa al Cel (creo que ya lo he dicho, pero pretendo recrearme en la cifra: más de 300.000), se quedara en nada. La cosa (= el artículo) iba de crítica profunda. Bueno, profunda, profunda, no, pero más o menos. Dos lectores del periódico (de ese periódico que no voy a mencionar) le llamaron al bueno de Francesc (que debe de ser algo así como el receptor de quejas sobre las administraciones y empresas públicas catalanas en el periódico en cuestión -al que seguiré sin mentar-), para preguntarle sobre la aportación de la Festa al Cel al calentamiento climático. Tela. Menudo preguntón complicado para el amigo Arroyo. No le arriendo la ganancia. Me pongo en su lugar (es que soy de natural empático) y me lo imagino sumando el cuadrado de la hipotenusa de tres veces el número de loopings de los acrobáticos elevado a "ene" siendo "ene" el total de aviones no acrobáticos y dividiendo el resultado entre el número de ruedas de todos los vehículos necesarios, y me da el agobio. Eso sólo para empezar, porque el cálculo de la incidencia de cualquier cosa, evento aeronáutico o no, sobre el cambio climático tiene que ser así de complicado como poco. Lo único que se me ocurre para evitar el colapso mental de Francesc ante tamaño esfuerzo es recomendarle que multiplique el resultado que le dé por la suma del coeficiente intelectual de los dos lectores que le han hecho semejante pregunta (qué mala idea tienen algunos). Ya le adelanto yo el resultado (y así le evito utilizar la calculadora que, seguro, también tendrá su incidencia en el cambio climático ése): le va a dar "cero" (de eso, amigos míos, sabe mucho Bart Simpson).
Estas dos lumbreras defensoras del medio ambiente, le dicen a Arroyo que lo que se ha hecho es gastar combustible sin ton ni son. Y yo les digo (Arroyo, chico, qué poco rápido estuviste ahí, podrías habérselo dicho tú mismo) que para nada, que los aviones necesitan combustible para volar y que la cosa iba de aviones volando y haciendo acrobacias en los más de los casos. A ver, criaturitas mías, que en eso consiste un festival aéreo.
Qué cansino resulta defender esta afición. ¿Me meto yo con la cantidad de energía que se malgasta cada vez que se celebra un partido de fútbol (un suponer)? Pues tiene que ser la tira, entre vehículos desplazados (que todo el mundo va en coche, que lo sé; bueno, todo el mundo menos los hinchas del Real Madrid que parece ser que van en metropolitano -Metro Madrid dixit-), bombillas para iluminar el terreno de juego (que muchos partidos se juegan por la noche y en invierno, que es cuando se acaba la luz solar casi nada más aparecer, asco de estación), aparatos televisivos encendidos, bares abiertos y venga a malgastar energía, radios a pilas conectadas (¡con lo que contaminan las pilas, además!), etc., etc., etc. Todo ello casi a diario, al menos dos veces por semana. Un derroche, ahí sí que podríamos hablar de ton y de son largo y tendido. La Festa al Cel se hace una al año. Puestos a hacer cálculos de incidencia sobre el medio ambiente me apuesto mi perrito piloto contra lo que quieran mis dos lectores del innombrado a que el perjuicio de un festival como la Festa al Cel resultaría, comparado con casi cualquier otro evento, lo que en estadística se conoce como "cifra despreciable".
Es que, de verdad, son ganas de quejarse. Ellos dos se quejan, sí, pero es que es muy fácil encontrar a alguien que se queje (estamos en España, si algo se encuentra con facilidad por aquí es quejicas), el auténtico culpable de que exista ese artículo no son estos dos que se sienten tan agredidos e indignados que levantan el teléfono para quejarse, el culpable es Francesc Arroyo por dedicarles tres columnas con titular poético y foto espectacular. La culpa la tiene él por preguntar en el Instituto de Cultura de Barcelona (Icub) por el coste del evento para las arcas municipales (coste cero, por cierto). La culpa la tiene él por preguntar al Aeroclub Sabadell por el coste del combustible. La culpa la tiene él por extrañarse de que el Ministerio de Defensa le pida las preguntas por escrito (¿de verdad nunca te han pedido, Francesc, que hagas la pregunta por escrito en ninguna parte?). La culpa la tiene él por publicar la respuesta de ICV (preguntarles también es culpa suya, que ya se sabe por dónde van a salir estos iniciativos verdes), que no os la perdáis: "No nos gusta que participe el Ejército, pero por lo demás, como sólo es un día y gusta a mucha gente, pues pase". No me digáis que no es para hacerle una pedorreta en la cara a Arroyo y otra al listo o lista que le dió esa respuesta. Vale, un día, pase, porque le gusta a mucha gente que si no... Estos individuos son capaces de hacernos comer mierda, ya lo dice la frase esa tan de cartelito de trasera de coche "coma usted mierda, más de cien millones de moscas no pueden estar equivocadas".
Es tan divertida la Festa al Cel que hasta con las repercusiones negativas se pueden hacer unas risas. Por favor, que no nos falte nunca.