Nos vamos de festival

Se nos podrá ver en Valencia. Allí vamos parte de la redacción de aeromagazines. Nos tranquilizan las previsiones del tiempo que indican que ya ha pasado lo peor y que las inclemencias que tantos problemas han llevado a la comunidad valenciana en los últimos días remiten. Un alivio y no sólo por el festival, claro está.

 

Este IV Festival Ciudad de Valencia será mi tercer festival en la Malvarrosa (el primero me lo perdí, en aquella época estaba en otras cosas). Tiene una historia, por lo tanto, reducida, porque si, como dice la canción, "veinte años no es nada", cuatro imagínatelo. No soy la persona más indicada para hacer un resumen de esa corta pero intensa vida del festival valenciano, pero no me resisto a comentar aquí un dato que me resulta curioso:

 

La organización del festival ha sido responsabilidad de tres entidades diferentes en los últimos tres años: Fundación Aérea de la Comunidad Valenciana, Aeroclub de Requena y Real Aeroclub de Valencia (es que el primer año, aquel que no acudí, no sé quién lo organizó). No sé si es porque se "queman" y renuncian o porque se reparten el honor. Es decir, que lo mismo es que la cosa no compensa el esfuerzo o, todo lo contrario, que lo compensa mucho y, por ello, hay que saber repartir.

 

Como al mortal de a pie (entre quienes me incluyo) este tipo de información no suele llegarnos, tenemos que sumergirnos en las profundidades de la especulación. Debo reconocer que especular no es algo que me guste. Como me dedico a informar, soy más de lo tangible y demostrable. Así que lo que voy a hacer es esperar a ver quién organiza el V Festival.

 

Mientras eso ocurre, todavía tenemos por delante la celebración del IV, que será este domingo (otro más que me quedo sin mi jornada de senderismo, pero sin problema). A quienes podáis acudir, que lo pasemos bien; y a quienes no podáis intentaré contaros todos los chascarrillos y las anécdotas a mi regreso.

 

Chao, que voy volando...

El día de la Hispanidad

Yo llegué a esto de la afición a los aviones que hacen algo más que volar en línea más o menos recta, gracias a la Patrulla Águila. Conocía la existencia de la patrulla acrobática del Ejército del Aire únicamente por las retransmisiones del desfile del día de la Hispanidad. Eran esos siete aviones de la bandera de humos. Así transcurrieron varios años en los que el atractivo de la retransmisión eran esos escasos segundos en los que la cámara sigue la estela de los C101 en formación cuña. A veces el locutor comenta algo sobre la patrulla, siempre lo mismo (no resulta menos aburrido por ser la verdad-verdadera, dicho sea de paso), que se trata de siete C101 de los que el Ejército del Aire utiliza para formar a sus futuros pilotos, que los pilotos de la Patrulla Águila son instructores de vuelo de la Academia General del Aire y que tienen su base en San Javier (Murcia). Mucha información no es, sinceramente, pero teniendo en cuenta que del desfile de tierra tampoco es que cuenten mucho (y eso que se pasan un tiempo desfilando y no como los aviones que pasan en un suspiro) como que nos vamos haciendo a la idea.

 

Nada más lejos que intentar extrapolar mi caso personal al del resto de la audiencia. Pero tampoco soy una rara avis, así que no me es difícil imaginar muchos otros casos en los que la retransmisión del desfile del día de la Hispanidad haya sido el germen de un interés mayor y, en algún caso, de algo más. Habrá jóvenes que se interesen por la aeronáutica viendo a esos aviones, habrá futuros ingenieros e ingenieras, habrá gente, en definitiva, que descubra su vocación. En muchos casos, una vocación ligada al ejército.

 

Mi afición a esto de los aviones que, como ya he dicho más arriba, hacen algo más que volar en línea recta (con poco más que hagan, me vale) es puro ocio. Me gusta verlos, me gusta saber de ellos y me gusta contar lo que veo y lo que sé. Es decir, ocio y nada más que ocio y disfrute. De esta afición he aprendido una cosa muy importante: los aviones más bonitos, los de diseño, mecánica y prestaciones más espectaculares y avanzadas son, siempre, aviones militares.

 

A veces hasta yo me sorprendo de lo políticamente incorrecto que es lo que escribo.

Más sobre la Festa al Cel

Nos han hecho llegar a la redacción de aeromagazines una copia de un artículo firmado por Francesc Arroyo y publicado por un periódico de tirada estatal (que no pienso mencionar porque si ellos no hacen publicidad de mi página, yo no pienso hacérsela a ellos de su periódico). El artículo, que vio la luz el pasado lunes 8, algo más de una semana después de la Festa al Cel, lo titula de una manera preciosa, literaria, casi poética (bueno, sin el casi) "Los suspiros son aire y van al aire". Qué bonito y prometedor parecía el artículo, qué lindo quedaba con su foto de varios niños encaramados a una de esas estructuras dedicadas a juegos infantiles observando atentos la pasada de los aviones de la Patrulla Águila.

 

Una lástima que tanta promesa para cualquiera de los miles de seguidores de la Festa al Cel (creo que ya lo he dicho, pero pretendo recrearme en la cifra: más de 300.000), se quedara en nada. La cosa (= el artículo) iba de crítica profunda. Bueno, profunda, profunda, no, pero más o menos. Dos lectores del periódico (de ese periódico que no voy a mencionar) le llamaron al bueno de Francesc (que debe de ser algo así como el receptor de quejas sobre las administraciones y empresas públicas catalanas en el periódico en cuestión -al que seguiré sin mentar-), para preguntarle sobre la aportación de la Festa al Cel al calentamiento climático. Tela. Menudo preguntón complicado para el amigo Arroyo. No le arriendo la ganancia. Me pongo en su lugar (es que soy de natural empático) y me lo imagino sumando el cuadrado de la hipotenusa de tres veces el número de loopings de los acrobáticos elevado a "ene" siendo "ene" el total de aviones no acrobáticos y dividiendo el resultado entre el número de ruedas de todos los vehículos necesarios, y me da el agobio. Eso sólo para empezar, porque el cálculo de la incidencia de cualquier cosa, evento aeronáutico o no, sobre el cambio climático tiene que ser así de complicado como poco. Lo único que se me ocurre para evitar el colapso mental de Francesc ante tamaño esfuerzo es recomendarle que multiplique el resultado que le dé por la suma del coeficiente intelectual de los dos lectores que le han hecho semejante pregunta (qué mala idea tienen algunos). Ya le adelanto yo el resultado (y así le evito utilizar la calculadora que, seguro, también tendrá su incidencia en el cambio climático ése): le va a dar "cero" (de eso, amigos míos, sabe mucho Bart Simpson).

 

Estas dos lumbreras defensoras del medio ambiente, le dicen a Arroyo que lo que se ha hecho es gastar combustible sin ton ni son. Y yo les digo (Arroyo, chico, qué poco rápido estuviste ahí, podrías habérselo dicho tú mismo) que para nada, que los aviones necesitan combustible para volar y que la cosa iba de aviones volando y haciendo acrobacias en los más de los casos. A ver, criaturitas mías, que en eso consiste un festival aéreo.

 

Qué cansino resulta defender esta afición. ¿Me meto yo con la cantidad de energía que se malgasta cada vez que se celebra un partido de fútbol (un suponer)? Pues tiene que ser la tira, entre vehículos desplazados (que todo el mundo va en coche, que lo sé; bueno, todo el mundo menos los hinchas del Real Madrid que parece ser que van en metropolitano -Metro Madrid dixit-), bombillas para iluminar el terreno de juego (que muchos partidos se juegan por la noche y en invierno, que es cuando se acaba la luz solar casi nada más aparecer, asco de estación), aparatos televisivos encendidos, bares abiertos y venga a malgastar energía, radios a pilas conectadas (¡con lo que contaminan las pilas, además!), etc., etc., etc. Todo ello casi a diario, al menos dos veces por semana. Un derroche, ahí sí que podríamos hablar de ton y de son largo y tendido. La Festa al Cel se hace una al año. Puestos a hacer cálculos de incidencia sobre el medio ambiente me apuesto mi perrito piloto contra lo que quieran mis dos lectores del innombrado a que el perjuicio de un festival como la Festa al Cel resultaría, comparado con casi cualquier otro evento, lo que en estadística se conoce como "cifra despreciable".

 

Es que, de verdad, son ganas de quejarse. Ellos dos se quejan, sí, pero es que es muy fácil encontrar a alguien que se queje (estamos en España, si algo se encuentra con facilidad por aquí es quejicas), el auténtico culpable de que exista ese artículo no son estos dos que se sienten tan agredidos e indignados que levantan el teléfono para quejarse, el culpable es Francesc Arroyo por dedicarles tres columnas con titular poético y foto espectacular. La culpa la tiene él por preguntar en el Instituto de Cultura de Barcelona (Icub) por el coste del evento para las arcas municipales (coste cero, por cierto). La culpa la tiene él por preguntar al Aeroclub Sabadell por el coste del combustible. La culpa la tiene él por extrañarse de que el Ministerio de Defensa le pida las preguntas por escrito (¿de verdad nunca te han pedido, Francesc, que hagas la pregunta por escrito en ninguna parte?). La culpa la tiene él por publicar la respuesta de ICV (preguntarles también es culpa suya, que ya se sabe por dónde van a salir estos iniciativos verdes), que no os la perdáis: "No nos gusta que participe el Ejército, pero por lo demás, como sólo es un día y gusta a mucha gente, pues pase". No me digáis que no es para hacerle una pedorreta en la cara a Arroyo y otra al listo o lista que le dió esa respuesta. Vale, un día, pase, porque le gusta a mucha gente que si no... Estos individuos son capaces de hacernos comer mierda, ya lo dice la frase esa tan de cartelito de trasera de coche "coma usted mierda, más de cien millones de moscas no pueden estar equivocadas".

 

Es tan divertida la Festa al Cel que hasta con las repercusiones negativas se pueden hacer unas risas. Por favor, que no nos falte nunca.

La Festa al Cel 2007

Ayer se celebró en las playas de la Mar Bella y Nova Mar Bella, en Barcelona, el festival anual de la Festa al Cel. Su edición de 2007 no ha decepcionado. Según informó el señor alcalde al término de las exhibiciones, nos habíamos reunido por aquellos lares la friolera de 300.000 personas. Mucha gente, la verdad, aunque podríamos haber sido más sólo con que la promoción del evento hubiera sido mayor y, de paso, mejor. La muestra de lo enterado que estaba el personal es que una buena parte de él se colocó en la zona del Forum, que es donde se hizo el año pasado. Estas cosas tan elementales hay que pulirlas. Un espectáculo, sólo es espectáculo si tiene espectadores (sí, ya, muy obvio, pero es que a veces hay que reinvidicar hasta lo obvio).

El festival en sí, ya digo, no decepcionó. Las actuaciones muy bien planteadas, muy bien medidos los tiempos (un 10 para el control del ritmo, excelente) y muy brillantes las intervenciones. Mención especial merece la de nuestro EFA que hizo palidecer de puritita envidia al mismísimo Mirage 2000 francés (que también estuvo fantástico, por cierto, pero nada que ver con la impecable actuación del piloto de Morón). Entre ese EFA "niquelado", una ASPA cuya genialidad crece geométricamente a medida que pasa el tiempo y una Patrulla Águila que lo borda, salimos todos de allí con varios kilos de más de puro orgullo.

Para que esto no parezca la crónica de la "abuela" de los organizadores, también hay que reseñar aquellos aspectos menos brillantes del evento. Para empezar, eso que ya he comentado al inicio sobre la conveniencia de mejorar la información y promoción del evento (auténtico "punto flaco" de la práctica totalidad de eventos aeronáuticos que se celebran en España), también se echó de menos un poco más de atención a los espectadores de a pie, los que no estaban en la zona VIP del Restaurante La Oca (eje de la exhibición), nada que no pueda solucionarse para la próxima edición con un poco de interés. Respecto a las actuaciones, pocas pegas, tal vez los dos harrier, que estuvieron un poco más "sosos" de lo que acostumbran este año. También se me hizo corta la actuación del Canadair apagafuegos (al que considero el artefacto volador más simpático, seguido a cortísima distancia por el Beluga).

Hoy, 1 de octubre, que casi se me olvida mencionarlo, se cumple un año del primer vuelo comercial de Clickair. Felicidades a toda la familia "clickera" (un piloto de la compañía me comentó durante la exhibición de ayer que allí se llevan todos muy bien y que aquello es como una gran familia, menuda suerte). Para celebrarlo, uno de sus aviones nos regaló ayer, durante la Festa al Cel, con una serie de pasadas a baja cota mostrando la pericia de los pilotos de la casa. Que cumplan muchos más, que todos lo veamos y que sigan llevándonos de un lado a otro con seguridad, rapidez y a buen precio. Amén.

 

En la tele

Los domingos practico senderismo. Empiezo muy pronto y me hago un mínimo de 12 kilómetros, habitualmente por alguna de las conocidas como "vías verdes", que no son otra cosa que antiguas vías de ferrocarril que han sido recuperadas para su utilización por los paseantes a pie o, como mucho, en bicicleta. Suelo llegar a media tarde a casa. Sin prisa. El domingo, 23 de septiembre, me apuré para llegar a casa a una hora temprana. Antes de que terminara la retransmisión de la etapa final de la vuelta ciclista a España. Lo conseguí, llegué justo cuando empezaban a subirse al podio esa interminable colección de ganadores-de-algo que siempre tienen las competiciones ciclistas. Montaña, Metas Volantes, Puntos, Equipos, General. A tiempo de ver en directo la participación de las patrullas del Ejército del Aire, PAPEA y Águila, que era lo que a mí me interesaba ver. Pacientemente me vi todas y cada una de las subidas y bajadas del podio, con besitos mejilleros de bellas azafatas incluidos (¡qué trabajo tan cansado el de esas chicas! ¡qué esforzadas! ¡cómo se nota ahí el progreso de la mujer!). Por allí parecía que no aparecían aviones. ¿Me habrán engañado? pensaba yo. Pero no, la fuente era fiable. Bueno, más que fiable, infalible. Así que seguí esperando y viendo entregas de flores y conexiones con plató y entrevistas a pie de podio (en alguna me sorprendí totalmente ante los comentarios del entrevistador respecto a la camisa que portaba el entrevistado, profundidad informativa, sin duda). Por fin llegó la hora de la entrega a los tres vencedores (¿o es uno el vencedor y los otros dos sólo son el segundo y el tercero?) y mientras el locutor de plató comentaba no-sé-qué de nulo valor informativo (porque era la enésima vez que lo repetía), las cámaras enfocaron a los paracaidistas de la PAPEA que volaban sobre la Castellana portando las banderas de los países de los tres homenajeados: Rusia y dos de España. Algo así no se ve todos los días. Algo así no se hace ni en el famoso Tour. A los periodistas que comentaban la retransmisión en La 2 no pareció impresionarles (cuánto más interesante era la camisa de aquel entrevistado, a la que le dedicaron varios minutos), hicieron algún comentario inseguro de pasada (no creo que estuvieran informados de quienes eran y lo que hacían aquellos paracaidistas), probablemente motivado por la insistencia del realizador en mostrar las imágenes de los saltadores (el único que demostró saber de televisión). Pero aún nos quedaba algo por ver (o por no ver, según se mire, valga la redundancia entre mirar y ver), cuando ya los magníficos de la PAPEA estaban recogiendo sus enseres en tierra y Menchov seguía alucinado por haber visto llegar de semejante manera a la bandera de su país, la Patrulla Águila entra en el campo visual de esa manera que tiene ella tan espectacular y rotunda: los siete en formación cuña y dibujando una gigantesca bandera española en el cielo con sus humos, de lado a lado. No se nos ocurre mejor colofón. El remate perfecto, el fin de fiesta niquelado. ... Y el momento exacto en el que La 2 decide dar por finalizada la retransmisión. Ni un comentario, apenas unas imágenes fugaces del grupo de aviones conectando los humos.

 

Me alegré por toda la gente que estaba por allí asistiendo a la celebración del final de la vuelta, porque pocos verían lo que pasaba en el podio (¡vaya! se perdieron aquella camisa que tanto gustó al comentarista ¡lástima! seguro que no se lo van a perdonar a sí mismos), pero disfrutarían de lo que pasaba en el cielo. Es lo que tiene lo que se hace a ras de tierra, que, o estás en las primeras filas, o no te enteras. Por el contrario, lo que se hace en el aire lo puede ver todo el mundo.... Bueno, en este caso, todo el mundo menos los que dependíamos de la retrasmisión de La 2.

 

El próximo domingo no voy a practicar senderismo. Sólo lo dejo cuando hay algún buen motivo y el del día 30 es de los mejores: la Festa al Cel. Estaré allí, en la zona de la Playa de la Mar Bella, en Barcelona, con toda mi atención puesta en lo que ocurra en el cielo. A quienes no puedan ir se lo contaré de la mejor manera que sepa. Porque, si cuentan con lo que les muestre la televisión... van listos... me temo.

 

Ojalá me equivoque.

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